lunes, 5 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
Cuenta atrás
Diálogos con el Maestro: La tragedia
-La tragedia y la miseria son dos cosas diferentes, dos temas que requieren largo tiempo para ser tratados. ¿Sobre cuál de los dos prefieres que hablemos? -De momento, sobre la tragedia. ¿Por qué sufre el hombre? -Echa un vistazo a la Biblia y encontrarás la siguiente reflexión:
«Lo que es bueno viene de ti, ¡oh, mi Señor! Lo que es malo tambiénviene de ti, mi Señor. Por tanto, ¿que he de temer?». -Aun así, sufrimos. -Sin duda. Pero toma en consideración lo siguiente: de diez problemas que tenemos, nueve son creados por nosotros mismos, a través de la culpa, del autocastigo, de la autocompasión.
Sin embargo, de vez en cuando aparece un gran obstáculo ennuestro camino, que fue colocado allí por Dios y que tiene una única razón. Y esta razón no es otra que darnos una oportunidad de cambiar todo, de caminar hacia adelante.
¿Qué es, entonces, la tragedia? Un cambio radical en nuestras vidas, siempre ligado al mismo principio: la pérdida.
El sufrimiento es siempre el resultado de una pérdida, sea de alguieno de algo, como la salud, la belleza o las condiciones financieras favorables.
Cuando estás ante una pérdida, no sirve de nada intentar recuperarlo que ya se fue. Por otro lado, un gran espacio se ha abierto en tu vida, y allí está, vacío, esperando ser llenado con algo nuevo. En el momento de la pérdida, por más contradictorio que parezca, tú estás ganando una gran porción de libertad.
Pero la mayoría de los hombres, cuando sucede la tragedia, llenanese espacio dejado por la pérdida con dolor y amargura. No piensan nunca que existen otras maneras de hacer frente a lo inevitable. -¿Por ejemplo? -En primer lugar, aprendiendo la gran lección de los sabios: la paciencia, la seguridad de que todo -bueno o malo- es transitorio en esta vida. En segundo lugar, utilizando este súbito cambio de rumbo para dedicar sus días a esas nuevas cosas que siempre soñó hacer. -Está claro en lo que se refiere a cosas materiales. Pero, ¿y la muerte de alguien? -En lo que se refiere a la muerte ya hemos conversado mucho, y sabes que ella no existe para aquel que se fue; esta persona está disfrutando las delicias de una transformación radical.
La sensación de muerte existe solamente para quien se queda aquí.Todo ser querido, al partir, se transforma en nuestro protector; después de pasado el periodo de duelo, debemos alegrarnos porque estamos más protegidos que antes. Igualmente, un día estaremos del otro lado, protegiendo a las personas que amamos aquí. -Y aquellos a quienes odiamos... -Exactamente lo que imaginas. Quedan sujetos a nosotros por el sentimiento de la amargura. Por eso Jesús dijo: «Antes de ir al templo, vuelve y perdona a tu hermano». Es necesario estar lavando constantemente el alma con el agua del perdón. -Volviendo a la tragedia... -Existe algo que es imposible medir y es la intensidad del dolor. Sabemos que una persona está sufriendo porque ella nos lo cuenta, pero no podemos evaluar exactamente cuánto está sufriendo. Muchas veces intentamos comparar la actitud de una persona ante la tragedia y terminamos por juzgarla más fuerte o más débil de lo que realmente es. No compares el dolor ajeno con nada; solo quien está sufriendo sabe por lo que está pasando.
Por consiguiente, cuando la tragedia inevitable aparece, es precisorecordar estos tres puntos: aprovechar la libertad de la pérdida, no juzgar el dolor y aprender el arte de la paciencia. Ella destruirá nueve décimas partes de aquello que tú eres, pero la décima parte restante te transformará en una persona infinitamente más fuerte.
martes, 30 de agosto de 2011
18 FUNNY HA-HA
Soy incapaz de imaginar un momento en el que tú no estés conmigo, a mi lado, siguiendo y guiando cada paso; riéndote por las tonterías de siempre, la rutina…
Siempre he dicho que los amigos verdaderos
son aquellos que llevan toda una vida a tu lado precisamente porque han compartido la mayor parte de tus momentos. Ahora sé que no. Ambas sabemos que una persona llega en un momento concreto a tu vida, no importa cómo. En una simple tarde puede llegar a convertirse en una de esas personas sin las que no puedes llegar a vivir. Una de esas amigas que sólo se pueden contar con los dedos de una mano.
Nos quedan muchas cosas por delante. Tantas como historias que pueden llegar a haber. Ni tan siquiera importa si esta vez ya nos separamos físicamente. Sea la distancia que sea, el tiempo que sea, habrá algo que permanecerá patente en nosotras: todo aquello que nos une.
Esto no sería una felicitación completa si no te diera las gracias por estar constantemente ahí, al otro lado del teléfono para sacarme una sonrisa o para impresionarme con tus múltiples ‘’hazañas’’. Gracias por lo que has conseguido demostrarme en tan pocos años, mi futura médico.

Te quiero muchísimo.
martes, 9 de agosto de 2011
El tiempo pasa, maduramos y cambian las cosas
Una última cosa.
No me ha hecho falta ni media hora para darme cuenta de que es verdad, que yo ya no estoy en León, prácticamente estoy en Madrid, y desde hace meses.
También me he dado cuenta de cómo van a cambiar las cosas, todo lo que me rodea. Que lo que ahora se me antoja tan simple como ver a mi madre todos los días o estudiar en mi mesa del comedor de cristal dentro de un mes ya no va a pasar, y quién sabe si ya por siempre.
Me he dado cuenta de que aquí ya no estoy, que me he instalado mentalmente en Madrid y sólo me falta el físicamente para estar ya definitivamente allí.
Y todo esto que te estarás preguntando a cuento de qué viene es para decirte que a lo mejor has hecho bien, aunque no lo sé y eso ya no lo sabremos nunca, pero me he dado cuenta de que la vida es un renovarse continuamente… ’Renovarse o morir’. Y yo, ahora mismo, me tengo que renovar, y he de empezar desde ya
Y, por supuesto, no quiero guardarte rencor ni odiarte ni nada por el estilo porque contigo he vivido mucho al igual que todo lo que he aprendido. Pero hasta ahí ha sido recorrer nuestro camino juntos, porque ahora me has soltado la mano y esto debo vivirlo yo sola y quién sabe si encontraré a alguien, esas cosas nunca se saben hasta que no suceden, pero todo lo que pase ya será en Madrid.
Por eso no quiero ni que me borres, ni que me elimines ni que me dejes de hablar. Quiero que me cuentes cómo te va todo y llegar a ser algún día amigos, buenos amigos. Aunque sólo sea por lo que un día nos unió.
A lo mejor lo que necesitaba era eso, darme cuenta de todas estas pequeñas cosas para empezar a ser lo que yo quiero llegar a ser como persona.
Por eso, por mi parte, ya no vas a recibir nada de mí que sea intencionadamente de amor. Porque lo pasado, pasado está y dejémoslo así, como algo muy bonito que duró lo que duró y que lo recordemos así, que no tengamos ningún mal recuerdo de todo esto.
Así que no sé si debería darte las gracias por la conversación de esta noche, pero si he de hacerlo lo hago. Gracias, de verdad, gracias por todo.
Esto es una despedida. Sí, lo que querías, y no te culpo de ello. Simplemente espero que todo, todo lo que te propongas lo consigas, que encuentres a la persona adecuada que te haga traspasar la barrera de los miedos y, sobre todo, que seas muy feliz con lo que haces, con tu vida, con todo; de verdad y de corazón, créeme
Creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir y he meditado y me he quedado ya tranquila Así que esta es mi despedida. No te culpo de ello ni a ninguno de los dos. Tampoco es un adiós (aunque sí definitivo), es un hasta siempre.
domingo, 7 de agosto de 2011
Not a simple goodbye.
I look at your photograph all the time, these memories come back to life and I don't mind.
I remember when we kissed, I still feel it on my lips; the time that you danced with me with no music playing. I remember the simple things, I remember till I cry.
But the one thing I wish I'd forget, the memory I wanna forget is goodbye.
I woke up this morning and played our song and through my tears I sang along. I picked up the phone and then put it down cause I know I'm wasting my time and I don't mind.
Suddenly my cell phone's blowing up with your ringtone. I hesitate but answer it anyway you sound so alone and I'm surprised to hear you say you remember when we kissed, you still feel it on your lips.
You remember the simple things we talk till we cry. You said that your biggest regret, the one thing you wish I'd forget is saying goodbye.
viernes, 5 de agosto de 2011
''Despedida'' es un adiós
Deja de gritarme. No creas que con palabras que chillan y acuchillan vas a tener razón. No tienes razón. Quien pretende tener razón gritando es porque sabe que así es posible que la otra persona tape sus oídos y no pueda atender a sus frases injuriosas.
Tampoco me hables con palabras malsonantes. ¿Nadie te ha explicado que así sigues sin llevar razón? Sólo consigues que te pierda el respeto y tu vocabulario pierda todo su valor.
Yo no te voy a hacer caso si no quiero, tampoco voy a responderte si me faltas al respeto. Nadie me obliga a que lo haga y tú no vas a ser menos.
Ya me cansé de estar siempre luchando contra el reloj. De esperar ansiosa a que, cada vez que abras la puerta, vengas y me abraces y me hables de los dos.
La rutina ha deshecho todos tus actos y los ha arrojado al contenedor de frases sueltas e inacabadas.
¿Cómo hemos conseguido llegar a este punto? ¿No ves que yo, que tú, pretendemos tener razón y cada palabra suena más alta que otra?
Así, solamente sigo estando triste, no te das cuenta de que mi felicidad se esfuma cada día como bofetadas en el aire.
Y, ahora, ya no queda nada. Creo que no te has dado cuenta. Deberíamos renovarnos, renovar esta casa que se queda sin cimientos sobre los que poder permanecer. Renovar nuestras voces, acudir al parque y charlar, donde no podamos discutir. Pero parece todo más importante que yo.
Ya no te acuerdas de que ayer fue mi cumpleaños. Pensé que lo harías, ilusa de mí.
A las ocho de la mañana me desperté, primero abrí un ojo y luego el otro. Estaba ilusionada pensando que me traerías el desayuno a la cama, pero sólo encontré el vacío.
Más tarde, cuando fui a trabajar, tuve que coger un taxi porque encontré una nota que decía que no podrías llevarme ya que te llevaba un compañero al trabajo.
El día en la oficina fue estresante, como siempre. Gracias por establecer esa conversación por teléfono que sólo dice que te haga para cenar un filete de lomo. ¿Y para eso me llamas al despacho? Mi secretaria me ha mirado con ojos raros y ha visto cómo yo tornaba los ojos y me dejaba caer en la silla, triste y pálida. Me ha preguntado si me pasaba algo y yo sólo me he atrevido a decir que estaba un poco cansada.
Nadie en mi oficina sabe que es mi cumpleaños, supongo que se lo imaginan porque todos los años, tal día como éste, has aterrizado en la empresa preguntando por mí y trayendo una tarta tan grande como mis carpetas. Pero hoy nadie ha preguntado si es mi aniversario puesto que ya son más de las 12 y no ha llegado ningún paquete con mi nombre. Supongo que tienen miedo a ser respondidos y creer que se han equivocado de día.
Ya he llegado a casa, estoy agotada y sólo me apetece una ducha relajante. He gritado tu nombre pero nadie me ha respondido, he sido invadida por el miedo a saber que no estás.
En la cocina una nota, y esa nota dice que has ido a casa de Mario, que hay partido de fútbol y éste ya no te lo puedes perder.
He querido hacerme ilusiones pensando que sería una excusa para comprarme un regalo o hacerme una sorpresa por mi olvidadizo cumpleaños.
Mientras te he esperado, me he sumergido en la bañera y me he preparado un baño relajante con espuma olor a frambuesa como único capricho por mi cumpleaños. No ha estado mal, han sido treinta minutos en los que he podido olvidarme de todo y desconectar de la tristeza de mi día.
Ya son las once de la noche y aún no has llegado. He decidido llamar a Laura para ir a cenar, pero resulta que ya ha salido con su marido. Así que he decidido ir yo sola a la aventura y adentrarme en ese restaurante por el que tantas veces paso y nunca se me había ocurrido entrar. Es muy bonito, tiene unas amplias puertas con cristaleras y en el último piso, según me han explicado, goza de unas buenas vistas a la ciudad.
Al maître que me ha atendido le he dicho que quiero viajar al último punto de la ciudad para ver sin ser vista, que quiero adentrarme en un mundo que parece tan profundo. Cuando me ha preguntado que si lo que quería era ir al último piso, he salido de mi pensamiento fortuito y le he contestado que sí. Hoy en día no quedan soñadores, aunque no sé de qué me quejo si yo vivo soñando en una vida que no me pertenece.
Al llegar al piso de arriba he dicho que me sitúen cerca de las ventanas, que quiero contemplar la hermosura de la ciudad. El camarero me ha mirado con un gesto de profunda tristeza y me ha respondido que, hoy en día, nadie sabe apreciar la belleza de las polis y, con ello, me ha introducido en un discurso del que no he sido partícipe por estar ya viajando entre las nubes de ácido negras de mi ciudad.
Me ha preguntado que si quería algo fresco como entrante y le he dicho que me daba igual, que hoy no es un día especial así que, que elija él. Es increíble cómo, en casi dieciséis horas que llevo despierta, he perdido las ilusiones de un día que había planeado perfecto en mi rutina.
La cena no la he degustado aunque lo hubiera parecido. He comido despacio y sin ganas. Como en un flashback, han vuelto a mi memoria todos aquellos rincones adonde me llevabas, las risas del primer encuentro o las lágrimas por una despedida, cada vez que me dabas un beso en la frente o me decías te quiero antes de acostarnos. Sin embargo, ya no queda nada de aquello, o eso creo.
He vuelto a casa y he abierto la puerta sigilosamente para no hacer ruido. He entrado en nuestra habitación y estabas roncando, tan ensimismado en tus sueños que no te has despertado.
He depositado mis zapatos rojos en la estantería de mi vestidor y he ido al cuarto de baño a desmaquillarme. No he querido, pero una lágrima ha resbalado sobre mi mejilla.
Cuando me he tumbado en la cama, me he dado la vuelta y te he dicho al oído: ‘’Hoy era mi cumpleaños y ni tan siquiera te has acordado. No sé en qué punto estamos’’.
Ha sido entonces cuando, de repente (quiero creerlo), te has despertado y me has empezado a gritar y a decir cosas feas.
No me gusta que te pongas así, has conseguido que hasta yo te haya chillado. No sé qué pensarán los vecinos de esto.
Lo he pensado mucho, y no sé en qué punto de nuestra vida estamos. No sé qué es lo que va a pasar ni por qué perdimos la ilusión.
Tú, te encerraste en el salón y has pasado la noche allí. Yo, me dormí llorando y, ahora temprano, mucho antes de ir a trabajar, estoy haciendo mis maletas. No sé si será lo correcto, tengo miedo. Pero si no lo hago ahora luego nunca seré feliz.
Ahora me quedo con tus recuerdos, intentando borrar los malos de mi memoria.
Te he querido mucho y te sigo queriendo pero comprende, amor, que la vida no es vivir bajo el mar, queriendo aguantar sin aire debajo del agua, porque llega un momento en el que te ahogas.
Me marcho. No porque haya encontrado a otro sino porque la felicidad no me ha encontrado contigo.
Siempre te querré, mi vida entera.
-Quien más te ha querido y tú no has sabido valorarlo.