martes, 18 de septiembre de 2012
Espejismos
¿Tarde para qué?
miércoles, 13 de junio de 2012
No estoy aquí porque huyo
Dije que volvería y aquí estoy. No encuentro mis lápices de colores y, quizá, tampoco esa barra de labios rosa que tanto me gustaba. ¡Ah, si, claro! La perdí aquel día en la discoteca. Esa noche en la que el alcohol fue mi único amigo cuando en realidad necesitaba cuatro besos y recibí catorce tragos amargos de algún tipo de bebida mala de marca blanca de supermercado.
Invierno. Ya pasó, y la primavera está llegando a su fin. He aprendido a ser mejor. Mido lo mismo que hace un año pero como persona he crecido. No trato de explicar todo lo malo que he vivido ni tampoco lo bueno que he experimentado. "¡Qué de bobadas juntas!", me digo. Otra vez estas frases sin sentido. Pero, lo siento, no lo puedo evitar. "no soy tú, sino yo". No puedo evitar recordar los trazos de un pasado de doscientos y pico días de lluvia y sol.
Quizá todo sería más fácil si ahora mismo estuviera caminando por la playa y la arena acariciase mis pies. Con el mar en los talones, escribí sobre ese lienzo un gran "te quiero" dibujado. No sirvió de nada. Se lo llevó la marea, como siempre. Lo borró el agua cristalina de las olas. No me importa, fotografié ese momento, ese lugar. Traté de que fuera eterno y, sin embargo, ya no sigue ahí. Simplemente queda el eterno recuerdo de mis pisadas, de mis dedos esbozando palabras.
Junio, frío junio de un año equivocado. No debí haber venido hasta aquí. Ahora, como siempre, huyo. "¡Vaya!-pienso- Por fin huimos los dos de lo mismo". Huimos del atardecer eterno en medio de un patio silencioso, de las tardes de jardín mientras el viento resopla en nuestras nucas, de los paseos que no llevan a ninguna parte. Huimos de todo, de nada. En realidad, huyo de ti y tú huyes de mí.
sábado, 28 de abril de 2012
Diario de una vida en Madrid. Excusas
Personas que tienen prisa, que la lluvia arruina sus planes y a mi me los embellece.
Otra parada de metro, pero esta vez no voy por el subsuelo. Voy pisando la tierra firme.
Calle virtudes. Las virtudes que cada persona deberia resaltar en sí misma, porque todos, aunque solo sepamos contar nuestros defectos, tenemos cientos de virtudes.
Otra vendedora ambulante que me para para que compre su periódico. "Lo siento, tengo prisa", le respondo. Para mí es solo otra de mis excusas, para ella es la excusa de siempre.
Camino por esta gran calle hacia abajo, es grande. Grande y espaciosa, no como en mi ciudad.
Adorar esta ciudad es poco, cada uno de sus movimientos, de sus bancos estáticos, de las personas que corren de un lado a otro sin saber a dónde van..adoro esta ciudad.
Aquí no tengo recuerdos pasados, solo recuerdos presentes.
Estoy llegando a mi destino pero no me quiero detener. Quiero seguir por estas calles y seguir conociendo la ciudad donde se cumplen todos mis sueños.
He conseguido poco a poco hacer esa canción mía, la que tantas veces pensé que no conseguía. Ya es mía.
Decido seguir a alguien, sus pasos, observar. En el semáforo me coloco a su lado y miro hacia otra parte.
jueves, 5 de abril de 2012
Que llueva mucho
Viernes de dolor: 30 de Marzo de 2012
Creí que sería distinto cuando te volviera a ver. Sin embargo, fuiste uno más. Fuiste uno más de aquellos que anhelaban mi ser, que creían profundamente en mí, que adoraban aquello que creían ver.
Y estabas frente a mí. Te sonreí e hiciste como que no me habías visto hasta ese momento. Nuestras mejillas se rozaron procurando no traspasar ningún límite. Todo había cambiado.
Habían pasado cinco meses desde aquel adiós y solo dos desde aquel tortazo que nos dimos contra la pared.
Era de noche, hacía frío, pero no tanto como nuestros sentimientos. Frío. No podía volver a sentir calor si me hablaban de ti.
Las lágrimas se abalanzaron sobre mi cara y no me dejaban respirar. Me encharcaron el corazón de agua y dolor por saber que tú no estás.
Estaba frente a un desconocido, frente a alguien que no eras tú. Te dije las cuatro palabras más tontas procurando oír la ansiada respuesta, "¿qué tal te va?". Y otra vez mis oídos oían respuestas que no querían, así que decidieron no escuchar.
Te diste la vuelta y yo caminé hacia el frente procurando no volver a verte. Tú caminabas hacia atrás y yo hacia delante. Cuántas cosas habían cambiado desde entonces, ¿no es verdad?
Me dijeron que te habían visto en un callejón acariciando el cuello a otra chica. Mi mundo se derrumbó. Caí, procurando recoger todos los pedazos de mi cuerpo, mente y corazón. Se había destruido. La realidad había querido mostrármelo exactamente hoy. Y, ¿quién era yo? Una engañada más en brazos de otro con cuatro copas recorriendo mi sangre ya envenenada por aquellos besos tuyos.
Yo ya no era tuya, tú ya no eras mío. Lo teníamos que haber sabido antes, pero aún seguíamos engañados, negando lo innegable. Negando que mi tiempo ya no es tuyo. Negando que nuestros caminos nunca más se van a volver a juntar.
sábado, 24 de marzo de 2012
Retazos de un sueño
Está amaneciendo. Hemos pasado toda la noche juntos, tú a mi lado, yo a tu lado. Me has abrazado procurando que no tenga frío, has deshecho una y otra vez el nudo hemos formado con la manta. Y me has mirado intentando averiguar si es cierto esto que siento. Sobre unas cuantas piedras, de esas que adornan el suelo, hemos dormido a la luz de las estrellas. Has jugado con mi pelo queriendo no pensar. He tratado de alargar este momento sabiendo que no habrá más.
Es de día. Te levantas y doblas dos veces la manta color castaño. Desde arriba, me miras soñoliento y despistado. A veces me pareces preocupado. Te agarro la mano y te invito a parar el mundo, a tumbarme sobre tu pecho y que me hagas cosquillas aunque lo odie. Me dices que no, que es tarde y tienes que volver. Levanto la vista y te miro con cara triste, un día más se rompe este sueño.
Mientras caminamos de la mano, pensativos, tú miras hacia la izquierda y yo contemplo los árboles de la derecha. No entiendo por qué estás tan callado, a lo mejor he hecho algo mal. Llegamos al borde del precipicio, tú te sientas y me dices que yo también lo haga. El sol da de pleno en nuestras caras. Me miras y me colocas un mechón de pelo detrás de la oreja. Me susurras que me quieres mientras me dices que debemos despertarnos de este sueño.