domingo, 29 de mayo de 2011

Melancólica se viste esta tarde de primavera


Mi cristal está empañado de recuerdos y lágrimas.
Le acompaña, desde fuera, la lluvia que no cesa.
No es intermitente, pero sí fría para este calor propio de un verano de secano.
Los truenos son mi banda sonora. Rugen sin cesar enfadados porque alguien les arrancó la voz.
El cielo parpadea y sus rayos son la única luz que me acompaña.
Como en cada tarde de domingo que llueve rodeo con cuidado mis hombros con una manta color vino y, sentada de rodillas frente a la ventana, sorbo poco a poco mi café con leche fría.
Sin querer enciendo un cigarrillo. ''No puede ser, he vuelto a fumar. Me dije que lo dejaría'', me recrimina la conciencia. Y así una y otra vez.
Me quito las gafas con las que llevo trabajando toda la tarde. Me froto los ojos, están cansados de estar todo el día frente al ordenador.
Miro por la ventana y sonrío. Mi sonrisa se tiñe de melancolía.
Los árboles se agitan de un lado a otro, se deshacen de algunas de sus verdes hojas.
Es bonito este paisaje, tan tranquilo.
En el único edificio de enfrente que ciega mi maravillosa y pensativa vista veo una luz encendida.
Sin quererlo me convierte en su espía.
Miro hacia lo lejos, disimulando mi intriga.
Y cuando creo que nadie me ve, giro la cabeza buscando el foco amarillo.
Tan sólo veo sombras, pero juego a imaginar qué harán.
Quizá es una pareja que se quiere, o dos amigas jurando amistad eterna o incluso un padre con su hija.
Quién sabe... es tan bonito imaginar, jugar con la realidad.
Los cristales siguen empañados y yo, inconformista, dibujo con los dedos figuras sin forma.
Dibujo letras o melancolía.
Advierto mi cansancio y acierto colocando en el equipo de música un cedé que reproduzca todo aquello que experimentan mis sentidos.
Lo he pensado mejor, decido aportar un poco más de desasosiego a mis minutos.
Lentamente suena e invade mi salón una melodía de Bach. ¡Qué gran melodía que acompaña una tarde como esta!
Sigo sentada pensando en el futuro que vendrá, en todo lo que me queda por descifrar.
Sin haberlo deseado, he llegado a la conclusión de este presente.
El presente, el ''ahora'', es como un rayo que aparece pero rápidamente se va, tan sólo queda el recuerdo de aquel que lo ha visto.
Como una hoja que al caer de un árbol se pierde entre un millón de hojas más.
Es como un trueno que al cesar, tan sólo queda su estruendo en la cabeza.
O como una gota que, al caer sobre el cristal y evaporándose, tan sólo deja su corto o largo recorrido.
El presente tan pronto como viene se va.
Y yo he tenido que esperar hasta ahora para darme cuenta de que este ''ahora'' escrito ya es pasado, de que ese futuro que algún día escribiré llegará a ser presente.
Y mientras yo sigo aquí como hace cuarenta minutos de mi recién pasado presente, volviéndome loca intentando buscar una explicación que sepa detener a este inminente presente.

Y tú no dices nada

A veces pienso si me quieres lo suficiente o como yo te quiero a ti.
No te lo pregunto, te escucho. Quisiera poder colarme en tu mente y sabes qué es lo que pasa, si todo se reduce a lo físico o si hay algo más.
Últimamente no estoy segura de ello, y eso quiere decir que las cosas han cambiado.
Está lloviendo, como cada día que te vi, que era mágico.
Quizá la lluvia me quiere decir algo. Quizá quiere contarme cómo de triste será nuestra despedida, sin una dulce melodía.
Ya no quedan palabras de amor. Las conversaciones han sido reducidas a anécdotas, a creencias y a alguna que otra risa casual.
Algo ha cambiado, insisto. No lo sé pero lo noto, tu voz ya no es la misma, tus pupilas reflejan el cansancio del doloroso amor.
No sé adónde iremos a parar, si el amor ha terminado, debemos darle un respiro o continuará.

La inquietante melodía que ya resuena en mi cabeza

Mi reloj se ha quedado sin tiempo.
Es como si ya conociera el final y yo sólo intentase alargarlo... y esperar paciente a que llegue el momento del último adiós.
Como si yo, al quedarme quieta, impasible aquí ya hubiera hecho todo lo posible por mi parte y sólo quisiera convencerme de que no ha sido culpa mía, que yo aguanté hasta el final, como una campeona.
Pero resulta que los campeones no son siempre los héroes de las películas, los que acaban siempre bien...

sábado, 28 de mayo de 2011

Sobre el amor y la distancia

Que yo creé un mundo para los dos, qué importa a cambio de qué.
Que yo arriesgué mi vida hasta la saciedad, firmé un pacto con el diablo con tal de verte sonreír.
Y, sin embargo, esta no es la sensación que yo esperaba impaciente.
Ahora no puedo respirar, se me escapa el aire, me roza pero no entra en mis pulmones. Una soga oprime mi cuello, no puedo respirar. Aguanto, lo intento, insisto. No puedo.
Corro, no vuelo, no vuelvo. No puedo retroceder. Los errores trastocados del pasado ya forman parte de lo ilegítimo. No me arrepiento.
El buscador de Internet se niega a escribir lo que pronto se convertirá en un hecho, se niega a escribir 'sobre el amor y la distancia'.

No quiero versos, ni tan siquiera canciones que me hablen sobre aquello que marca mi sufrimiento día a día. No quiero rememorar el cruel sentimiento de melancolía.

Y es que lo siento, no puedo evitar echar la vista atrás.
No pretendo ni quiero manipular la situación ni esta sutil conversación.
Sigo en la misma página que cuando empecé, ni avanzo ni he retrocedido, mi mundo se ha parado en seco canalizando toda esa energía que fluye indistintamente sobre mí.
Y de cuando en cuando, si coincide, verte.

Duelen los momentos de heridas sin palabras.























Cómo hago yo para explicarte que en parte me parte la idea de que de mí debas marcharte, tendrás que separarte.
dime qué hago yo sin tu olor, sin tu voz, sin tocarte y besarte.
¿Quién soy sin ti? ¿Quién sin mi ángel?

Caminaré y no te veré, sola en el camino lejos te sentiré. Te esperaré. Tu amiga más fiel contigo, a tu lado. Tú no me dejes.

Sabes que aquí dentro te siento y lamento que no estés en este momento. Tengo algo en mí y es tu recuerdo, aunque no nos entiendan los cuerdos.
Dime qué hago aquí sin ti.
http://www.youtube.com/watch?v=Uhn6Yv5BDrc

viernes, 27 de mayo de 2011

Mi felicidad eres tú


Su sonrisa y su manera de reír, su desorganización, la forma en la que me mira, su calma, (a veces) su chulería, su orgullo, sus besos, su modo de sacarme de quicio, su voz al otro lado del teléfono, sus caricias, su forma de ser, su tozudez, sus abrazos, su olor, su pasta con forma de corazón, sus miedos, su memoria, sus lágrimas, su firmeza, sus mensajes, su capacidad para olvidar y mirar hacia adelante, sus arrebatos de romanticismo, sus despertares, sus detalles, su paciencia conmigo..
Son aspectos de él que no cambiaría por nada , que me hacen vivir, me complementan y son todo para mí.
Él es el motivo por el que nada se termina.



Porque un día llegaste, y desde entonces no te has separado de mí ni un sólo segundo, porque todo lo que nos queda por vivir no tiene fecha de caducidad.

Felices 18, mi amor. Te quiero, te quiero, te quiero!

miércoles, 18 de mayo de 2011

EL PODER DE LAS PALABRAS

Recuerdo hace unos meses que encontré el diccionario de mi vieja infancia.

Es pequeñito, con las tapas amarillas y en el centro, azules, las siglas de la Real Academia de la Lengua Española.

Sus hojas ya están muy desgastadas, amarillentas. Alguna probablemente llena de polvo o ilegible, se nota el paso del tiempo.

Ese viejo diccionario que tan insignificante parece, lleno de sabio conocimiento, pertenece ya a tres generaciones.

Mi abuela, una humilde maestra de un pueblo, lo compró recién casada; más tarde pasó a manos de mi madre, una joven estudiante que empezó la carrera de Medicina. Y seguidamente me pertenecería a mí, una futura estudiante de Periodismo.

Tres generaciones que, aun con diferentes estudios, pretendían aunar toda la fuerza del saber.

Y aquí estaba, frente a mí, ese viejo diccionario que nada puede envidiar a los modernos o electrónicos. Me miraba encerrando entre sus ligeras hojas más palabras de las que un humano puede llegar a memorizar. Él, que todo lo sabe.

‘’Qué absurdo’’, dirán algunos. Sin embargo, a mí me parece algo brillante, mágico, el poder conservar casi intacto un diccionario que alberga más de cuarenta años.

Aún más, es un placer abrir sus compuertas, las de la inteligencia, con su olor a conocimientos impasibles al trajín de los años y querer saberlo todo, todo cuanto se desee.

Hace días descubrí que entre sus páginas había un vejo papel ya casi borrado, amarillo del paso de las primaveras. Intenté leerlo, pero no podía jugar a descifrar sus encriptadas y ya suprimidas palabras.

Tanteé el papel… cuántos años llevaría ahí encerrado, quién lo habría guardado u olvidado. Y lo más importante: cuál habría sido su fin.

Me negué a creer que su fin no fuera otro que el encerrar un secreto, quizá el olvido de buscar una palabra desconocida entre las áureas páginas de tal casa de la erudición.

Busqué minuciosamente, recorriendo palabra por palabra, plasmando mis dedos sobre el papel. Dejando mi huella. Nada, no encontré nada. Hasta que tras un simple vistazo atisbé el vocablo ‘’morigerar’’. Quién sabe si sería esta palabra la que un individuo trató de memorizar hace años. No era una palabra melódica, ‘’morigerar’’, pero sí encerraba un bonito significado: ‘’moderar la intensidad de un sentimiento, de una pasión o de una actitud que tenía demasiada fuerza’’.

¡Qué bella palabra para tan preciada sensación y en cambio nadie la empleaba!

Desde ese momento comprendí el significado de que el mundo girase tan deprisa, de que fuera tan común a los sentidos. Nadie se detenía a pensar en aquellas palabras que contiene todo aquello que queremos expresar, nadie dispone de tiempo para indagar en el verdadero significado que aporta una palabra desconocida.

Y es que, nadie es capaz de paralizar por un instante las vertiginosas agujas del reloj que nos impiden contemplar el verdadero poder de las palabras, ése que otorga la llave del mundo y autoriza a cambiarlo.