sábado, 19 de marzo de 2011

Un par de mentiras.

No se interpone el aire.
Inminente.
Que no salga nada de esta coraza. Que no haya escorzos que demuestren lágrimas ni sonrisas. Porque no hay nada que decir.
Que se petrifique el aire, que no vuelva a surgir.
Dulce sentimiento de melancolía que no me abandona.
Me equivoco. Dije que no hablaría de sentimientos.
¿Y de qué voy a hablar? Hay tantos temas que no sé por cuál empezar. ¿Por qué no? Porque sigo dentro de este caparazón, de esa melancolía que alberga mi cuerpo, un resquicio que pide que no llore. 'Y no lo haré', me prometo.
Vuelvo a mentir. Ya se asoman lágrimas. ¿Lágrimas de qué? De ver girar el mundo, de cómo pasa y pasa más deprisa, de lo difícil que se hace que corra el viento cada vez más rápido.
¿Y qué voy a hacer? Nada.
Vuelvo a mentir. 'Pero, ¿qué es lo que pasa?', me pregunto. Nada pasa por aquí. Nada vuelve. Todo pasa, todo cambia.
Brindemos por la vida, por lo que queda, por que nada vuelva, por que vuelvan las ganas de sentir.
Y continuamente me contradigo. Continúa este bipolarismo que no va a ninguna parte.
Este cuerpo que lleva una hora haciendo nada.
Y, a día de hoy, esta casa que parecía edificada no sabe a dónde ir.
Quién se forja su futuro en un par de preguntas indirectas que desembocan en el elixir de la vida, ese al que no logro volver.
¿Dónde estará si ya todo está perfecto?
Quizás es eso. Cuando más perfecto va todo, menos lírica abarca mi ser.

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